CONSCIENCIA Y AUTOCONSCIENCIA

“…… Los gatos papá, saben realmente que son gatos, o se piensan que son rinocerontes…… “.  Esta fue la pregunta que en cierta ocasión me hizo mi hijo de seis años. Tal vez sea precisamente eso, y básicamente eso, lo que nos haga ciertamente diferentes al resto de animales con los que convivimos. La posibilidad de que el animal se de cuenta de quién es realmente, y no por instinto, intuición o acostumbramiento, sino por el mero hecho de darse cuenta de que es distinto al semejante que tiene delante.

Darnos cuenta de nuestra propia existencia……, siendo ésta diferente a las de otros seres que nos rodean y diferente también de las cosas que existen a nuestro alrededor. Seguramente existen distintos niveles de capacidad de darnos cuenta de estas diferencias, siendo una manifestación esto por sí mismo de la complejidad de cada ser humano.

Las características de la capacidad de poder darnos cuenta de las cosas, a menudo son la  capacidad de cuestionarnos por qué y cómo se están haciendo las cosas, o por qué y cómo se producen los acontecimientos, o por qué y cómo nos damos cuenta de los acontecimientos en sí mismos. En definitiva darnos cuenta del por qué y cómo se  está produciendo y llevando a cabo lo que se está produciendo y llevando a cabo delante de nosotros o por nosotros mismos. Y lo que es más sublime: de cómo lo estamos percibiendo, sintiendo, analizando y al final nos motiva o nos produce una respuesta para actuar, conducirnos o comportarnos.

Ni qué decir tiene que existen corrientes de opinión que fundamentan la diferencia de el ser humano racional del irracional, precisamente en eso, en la razón. Pero también no es menos cierto que existen comprobaciones de que ciertos animales catalogados de irracionales, llevan a cabo comportamientos y actitudes basadas en el razonamiento, tal vez de origen instintual, pero de cualquier manera de origen en la razón. De tal suerte podemos observar en la conducta de ciertos animales, casi un planteamiento silogístico. Lo que a menudo nos haría pensar que se mueven por razonamientos primarios.

También es verdad que sin entrar en mayores disquisiciones, el ser humano posee las denominadas potencias del alma:  memoria, entendimiento y voluntad. Y a su vez también atesora  las denominadas funciones básicas, conocimiento, afecto, voluntad y lenguaje. Indudablemente no hay manera de asimilar a ningún animal con la posesión de estas capacidades ni potencias. Quizá sí alguna por separado, o varias. Pero en ningún caso incorporando todas de una vez. Y lo que es más importante, con la capacidad de desarrollarlas y evolucionar en ellas. En eso también se diferenciarían, pero en esta ocasión únicamente entre los mismos homínidos.

Por lo tanto existen múltiples diferencias entre el ser humano y el resto de animales. La posesión de sensaciones, percepciones, sentimientos, corporalidad, memoria, atención, concentración, anticipación, imaginación, voluntad, emotividad, superación, orientación, entendimiento, pensamiento, reflexión, inteligencia, razonamiento, ideación, conocimiento, lenguaje, futurización, sociabilidad, asociación, aprendizaje, corporalidad,…….. . No son ni mas ni menos que las capacidades que el hombre tiene para establecer la diferencia básica, fundamental y sustancial con el resto de animales que no las poseen.

Y todas ellas unificadas y de todas ellas integradas emana  una única capacidad. La que a modo de  armoniosa melodía pudiera salir de una gran orquesta compuesta por múltiples instrumentos, o al igual que de una enorme instalación eléctrica, desde la central hidráulica hasta el último hilo conductor o filamento de bombilla, produjeran una hermosa luz.

Me refiero única y sencillamente a la Consciencia. Roger W. Sperry, premio Nobel de Medicina la describió como “ una propiedad emergente de la mente, siendo causa, no consecuencia, de las actividades neuronales”.

En su momento y cuando tenga oportunidad, le podré contestar a mi hijo que lo que hace que los gatos intuyan que son gatos y lo que tiene delante, como él me decía, era un rinoceronte, no era la consciencia del gato. El gato nunca podrá “darse cuenta” de que es gato, nunca será consciente de su origen felino, nunca podrá – de momento – hacerse preguntas, tener conocimiento de sí mismo y pensar en sí mismo……., sólo podrá moverse por instintos, es decir con propensión a excluir de sus fundamentos vitales, la razón. Podrá ser consciente, porque se da cuenta, pero no será autoconsciente, porque no se da cuenta de que se está dando cuenta.

Esas capacidades y el común denominador de todas ellas, la autoconsciencia o metaconsciencia, de momento y únicamente, están en poder del ser humano. De él depende, única y exclusivamente su uso sensato, y la ventaja que le otorga su posesión sobre los demás animales.

                        Dr. J. Alberto Gª Álvarez

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