SOFROLOGÍA, AUTOCONSCIENCIA Y AUTOCONTROL

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Hace unos días me contaron un suceso. El usuario de un ordenador, aún inexperto en su manejo, se quedó sin conexión inalámbrica a Internet. Sin haber hecho nada aparentemente, de la noche a la mañana no pudo tener acceso a la red. Cuando consultó a un experto, lo solucionó en segundos. Únicamente había pulsado una tecla por la que tal conexión se bloqueaba. El experto sí conocía la existencia de dicha tecla, resolviendo con rapidez el problema que el usuario desconocía.

Ante el uso de un artilugio nuevo, sea un ordenador, un electrodoméstico, o un vehículo, antes debemos conocer su funcionamiento, teniendo en cuenta el manual de instrucciones. Nada que no se conozca, en mayor o menor profundidad, se puede usar con mínimas garantías. No se puede controlar lo que no se conoce.

El diccionario nos aclara el concepto y nos acota su significado: “Control: dominio o autoridad sobre algo. / Autocontrol: capacidad de regular la propia conducta y control de los propios impulsos y reacciones”.

No es tarea fácil. Si lo fuera no veríamos tantas escenas en las cuales la falta de control de la situación y sobre todo de uno mismo, es la causa de que se desencadenen las mismas.

¿Cómo obtener un rendimiento adecuado sobre nosotros mismos?. ¿Cómo conseguir ser dueños de nuestras acciones, controlándonos?, considerando instintos, reacciones, acciones, conductas y comportamientos… o al menos, cómo lograr que no sea la situación, el entorno, lo circunstancial, quien nos marque la pauta de nuestras respuestas, actitudes, comportamiento o formas de reaccionar.

El paso más importante ha de ser, según el primer recuadro del esquema, “conocerse-a-si-mismo” lo mejor posible. La inscripción clásica que aparece en el frontispicio del templo de Apolo del Oráculo de Delfos, nos da la pauta: “Nosce te ipsum”, traducción latina de la inscripción griega “Conócete a ti mismo”. Éste imprescindible paso nos marca el camino para poder aspirar a ser plenamente “conscientes” de nosotros mismos, como se destaca en el segundo recuadro y, es así, como uno llega a “ser-dueño-de-sí-mismo”, como se significa en el tercer recuadro.

La sofrología no sólo apuesta por lograr la adquisición de un estado de bienestar, relajación, armonía, equilibrio y serenidad, sino también, de proporcionar las herramientas que permitan alcanzar la capacidad real de autocontrolarnos. Ello es posible al potenciar el sentimiento y conocimiento de nuestro cuerpo como una realidad sentida y vivida, o “esquema-corporal”, como se anota en el cuarto recuadro, con sus dos flechas de doble dirección, que indican la influencia que éste tiene para potenciar “conocerse” a sí mismo, “ser consiente” de sí mismo y “ser dueño” de si mismo. Desarrollos éstos, imprescindibles para integrar una mejor psicomotricidad.

Del siempre recordado Pierre Vayer, extraigo un párrafo de su obra “El Diálogo Corporal” por la importancia que tiene la psicomotricidad: “El niño logra proyectar su inteligencia cuando evoluciona el conocimiento y control de su cuerpo, siendo así cuando se adueña de la noción tiempo-espacio y puede afirmarse en su lateralidad e incrementar la coordinación motora fina y gruesa, hasta llegar a dar sentido al concepto que denominamos esquema corporal. Una inmadurez del mismo, o una empobrecida adquisición, pueden explicar trastornos del comportamiento de las personas adultas”

La sofrología, con sus metodologías, aporta la capacidad de actuar sobre la consciencia y resto del cuerpo, sobre actitudes, conductas y comportamientos, proporcionando la posibilidad de que el ser aprenda a ejercer influencia sobre sí mismo, por uno mismo y desde sí mismo -autocontrol- como actitud positiva en la vida del ser humano. Contribuye con sus  técnicas integradoras, a facilitar la posibilidad de reconocerse, conocer mejor las posibilidades de su propio cuerpo y, a través de éste, informar al cerebro del qué -anatomosoma- y del quién -eidosoma- configuradores de ese nuestro “Ser” (con mayúscula, como Julián Marías rogaba que así se considerase) cuerpo en su plena integridad, como afirmó el insigne catedrático de psiquiatría Miguel Rojo Sierra desde una perspectiva fenomenológica esencial, y reafirmar la representación que de dicho cuerpo existe en nuestro cerebro. Remarcando, una y otra vez, la representación que de nuestro cuerpo existe en las áreas 39 y 40 de Brodman.

El neurólogo y neurocientífico Antonio Damasio lo ha dejado claro: “ No se puede tener un sentimiento sin consciencia, y tampoco se puede tener consciencia sin sentimientos. Si no sintiéramos nuestro organismo, si no notáramos sus cambios, no podría haber consciencia. La consciencia pues, está íntimamente ligada a la sensación de uno mismo, y para eso es necesario sentir el propio organismo y lo que cambia en él”.

La sofrología no sólo lo ha argumentado, lo ha definido y lo ha descrito, sino que se ha apoyado en este concepto para ofrecer la posibilidad de que el ser humano sea más dueño de su existencia, de que se aprecie en dos sentidos: primero, en el sentido de conocerse, percibirse y notarse; y segundo, en el sentido de valorarse y respetarse; estructurando métodos prácticos con los que obtener resultados, desde el niño a partir de los seis años hasta el estadío de la novena edad de los esposos Erikson, desde los 90 años a…

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